Si he de quedarme con algún director de cine de nuestro país, he de quedarme con el donostiarra Julio Medem; no porque sea semipaisano mío, sino porque sus películas me han hecho ver otra dimensión de la vida, y en parte me identifico con él. Esos sentimientos que están escondidos en lo más recondito de nuestra vida, ese malestar por no ser correspondidos, esa pena por asimilar nuestro destino, esa culpa interna por haber seguido ciego al corazón, esos sueños que Calderón de la Barca desmitificó...
Si hay una película suya que me ha marcado desde la primera vez que la ví, es la de "Los Amantes del Círculo Polar". En esta película, Medem, aportó todo su ser cinematográfico, pasando por graves pesares anímicos con posterioridad. Una vez que se ve esta película tantas veces, uno acaba pensando cuales fueron los elementos propios que el director incluyó. La soledad, el amor no correspondido, el destino, la fatalidad y por último, la muerte. Elementos impropios de la gran mayoría de los directores de nuestro país. Para los que seáis amantes del cine, esta película es muy recomendable; a los que no, también os la recomiendo, porque seguro que con algo, como yo, os identificáis.
Como antes dije, Medem, pasó por graves problemas anímicos, como depresiones y traumas psicológicos agudos. Una película tan cargada emocionalmente es el único aval necesario para que éso pueda darse. Muchas veces, el ejemplo de este director ronda la cabeza de uno, e intenta investigar el porqué de las cosas. Ni incluso con los miniguiones que se me ocurren, o con las historias, o con las letras a componer para guitarra, solían salir esas emociones a plasmar. Poco a poco, es posible que todos aquellos recuerdos que almaceno durante mis dieciocho años de existencia, vayan apareciendo, sin ver nunca la luz, ya que quedarán como el secreto mejor guardado del autor. Medem plasmó en esta película, que todos somos víctimas de las casualidades de la vida, y ciertamente, así es. Somos víctimas de esas casualidades que a menudo nos rodean. El destino en esta película no es algo que se plasme, ni siquiera aparece como tal.
Es el conjunto de las casualidades que rondan diariamente nuestras vidas. Esas casualidades que te elevan al cielo y que te bajan al suelo de forma vertiginosa; esas casualidades que sólo ves una vez en mucho tiempo, que se pierden a menudo y que no se recuperan fácilmente. El final de la película es trágico, ya que el ciclo y las casualidades de la vida, así lo quieren. Muchos lloramos en ese momento, tras aguantar toda la película sin hacerlo. El final acapara el plus de sensaciones que durante el largometraje se incrementa. Sensaciones que se dejan aparecer, brotando de la nada, como la niebla en la mañana.
El quinteto donostiarra de La Oreja de Van Gogh, le hizo un homenaje, más que a la medida, en su segundo disco de estudio, "El Viaje de Copperpot". Una canción que mezcla el theremin, con el efecto del bajo y las guitarras en tono eléctrico y acústico, además de la voz de Amaia. Una canción emotiva, que expresa en tono musical, el espíritu de esta película; cuyas frases evocarían recuerdos de cualquier persona, incluyéndome como autor de esta entrada, dentro de esas personas. Recomendaría, para meterse en el papel del lector, que lea esta entrada, oyendo la canción que a continuación se muestra.
Chapó para Julio Medem. Gracias, de todo corazón, por haber conseguido realizar esta película.
Luto en el deporte nacional y en los medios de prensa del país. El pasado viernes, 16 de octubre, se hizo oficial el rumor que circulaba por las redacciones; Andrés Montes había fallecido. El periodista madrileño, fue encontrado por un familiar en su cama, bocabajo y con rastro de sangre sobre la almohada. Después se avisó a su mujer y a los servicios de urgencia (SUMMA), que acudieron al domicilio del periodista en el céntrico distrito de Chamberí alrededor de las 22.00 horas.
C'est fini. El sueño olímpico de Madrid se desvanece. Como una macabra broma del destino, Madrid, por segunda vez consecutiva, ha estado a las puertas de cumplir uno de sus sueños más deseados, organizar los Juegos Olímpicos. Da rabia ver como el esfuerzo de miles y miles de voluntarios volcados con la causa no ha sido suficiente para dar ese último paso importante en este duro camino. Pero es que para ser sinceros, no partíamos con clara ventaja. Si eso, sólo por delante de Tokio, pues era la menos valorada, y a título personal, la peor de las cuatro.
El programa que periódicamente televisa Cuatro, 21 días, está cada vez más concienciado con la realidad que muchas familias viven en España. Ante todo hay que darle un gran aplauso, dos besos, un chapó a la reportera que se mete en la piel de los protagonistas de sus reportajes. Esta periodista catalana, Samanta Villar, que pasó por los estudios de TV3 y "España Directo" (TVE 1), ha conseguido que los televidentes contemplemos la realidad social de este país.