Tengo entendido que no es bueno dejar nada a medias. Que lo que nos proponemos, hemos de llevarlo hasta el final, sea lo que sea. Y en este caso, es el de terminar lo que pareció convertirse en una historia de tres partes sobre Cómo conocí a vuestra madre. Así que aprovecho este rato que me da estar fuera para acercarme a una cafetería con Wi-Fi y poder terminarlo.
He aquí, posiblemente, el momento cumbre de la primera temporada de esta gran sitcom que tantos buenos ratos nos ha hecho pasar. Como dije anteriormente, nos encontramos ante el momento álgido entre Ted y Robin y viceversa: "Milk".
Recordando los antecedentes, Robin descubrió que Ted no había roto aún con Victoria, y ello le costó más de tres semanas de no hablarse con ella, hasta que parece que la cosa mejora en el baile donde actúa The 88, el grupo que Marshall quiso para su boda con Lily. Después de todo ésto, es bueno recordar hasta la saciedad que muchas veces no ocurre nada bueno antes de las dos de la mañana, cuando la cabeza deja de regir como tendría que hacerlo. Muchos, en algún momento, ya lo hemos comprobado.
Milk comienza con el 28º cumpleaños de Ted, que lo abre con una reflexión que algún día tendremos que sentir: la vida es como una carretera oscura. No sabemos lo que encontraremos. Una noche, vas al volante de tu coche, disfrutando de un agradable paseo, y de golpe y porrazo... tienes 28 años.
La escena en la que Ted bebe la leche que está cortada es esencial para entender la metáfora del episodio.
Este episodio nos ha ofrecido algunos de los mejores momentos de Barney Stinson (Neil Patrick Harris), como la mejor frase para ligar de la historia, en la que hacen una aparición los creadores de la serie como los paramédicos; así como la guerra que mantiene junto a Marshall contra Butterfield, un tira y afloja peculiar, del que salió la frase: es una batalla tan antigua que ya no recuerdo quién realizó el primer disparo. ¿Tú? Por supuesto.
Y mientras ésto sucede, el destino -gran palabra, poder ineludible-, en forma de algoritmo en el ordenador de una agencia matrimonial, encuentra a la pareja perfecta para Ted. Él mismo tiró la toalla al defraudarle el anterior servicio y no encontrar a nadie. Al principio del episodio, Ted dice estar harto de buscar a la chica de sus sueños y que será el destino quién se encargue de que ella le encuentre. Pero será costoso buscarla con la cantidad de cosas que busca... Pero al final le llaman comentándoselo, y es verdad, parecía perfecta, asi que prepara una cita para conocerla.
Cuando ya está en MacLarens esperándola, habiendo llegado pronto, recibe una llamada de Lily, que le pide que vaya a Dutchess Country para cambiar una rueda al Fiero de Marshall. Lo que pasaba en realidad era que Lily había echado una solicitud para una beca de arte en San Francisco, al igual que hizo Victoria para ir a Alemania, y la entrevista la tenía esa noche en New Haven. Entraron dudas sobre si casarse, y necesitaba de aquello para buscarse a sí misma, y en contra de Ted decide ir, dejándole en la cuneta, por lo que le deja varios mensajes recordando que compre leche y que al llegar a casa la iba a matar por dejarle tirado. Ted, necesitado de alguien que le lleve de nuevo al pub, llama a Barney y Marshall, pero al final desiste y decide a la otra persona capaz de ayudarle en ese momento, aunque las cosas estuvieran algo frías entre ellos: Robin.
Durante el viaje hacia el pub, Robin le pregunta qué hacía allí, diciendo Ted que no podía decirlo por ser un secreto. Robin lleva un gorro porque su peluquera le puso mechas, pareciendo un tigre, y le da vergüenza que la vean así. Cambiando de tema, Ted y Robin hablan sobre la próxima cita que tiene en MacLarens. La chica tiene una puntuación altísima: tiene 28 años, estudios universitarios, juega al tenis, le gusta la lasaña, su libro preferido es El amor en los tiempos del cólera, quiere casarse y tener hijos (niño y niña) y detesta parecerse a un tigre, en alusión a Robin.
Llegan al pub, la radio está encendida y Mother of Pearl suena en el dial...
Robin le desea suerte con su cita diciéndole que espera que sea todo lo que está buscando. Para que Ted se vaya contento, al final, decide enseñarle su pelo, momento con el que se encandila la situación. Ted esboza una sonrisa. Robin le dice, con una mirada algo enigmática, que se vaya, y Mother of Pearl suena más alto.
Y he aquí, en apenas tres minutos, donde todo puede cambiar de una manera sobrenatural. ¿Pudiera ser que aquella chica del pub fuera la misma que se olvidó el paragüas amarillo en la fiesta de San Patricio?
¿Qué hacer en ese momento?
Puedes entrar y elegir la acción más adecuada dada la situación con la otra persona. Dar oportunidad a esa nueva persona, ver cómo es con ella y pasar de una vez página y comenzar con el siguiente capítulo. O, también, puedes quedarte quieto, parado en la puerta, viendo como esa mujer que tanto quieres se va, ensimismándote en el mismo capítulo una y otra vez, hasta sabértelo de memoria, reconcomiéndote por dentro, sabiendo que no pasará nada a ciencia cierta con ella. Y llevar una losa encima de pesado, por pensar demasiado en el pasado.
Lo bueno que tiene la ficción es que aquí todo es posible, y al final ocurrió lo que muchos pensamos, y que nos sirvió de disfrute a todos los espectadores de HIMYM en la segunda temporada.
Mother of Pearl
En el momento que baja de la furgoneta, Ted se queda quieto en vez de bajar al pub. Parece que algo, o alguien, le pidiera que se parara, que reflexionase aquel momento. Suenan las frases de esta hermosa canción mientras aparecen imágenes de la hipotética boda de Ted si hubiera bajado y salido con aquella chica, en vez de hacer lo que hace al final y salir con Robin. La cual, vuelvo a recordar, no es la madre, para disgusto de muchos nosotros, pues era perfecta.
En esas imágenes de la boda, se ve, en primera fila, a Lily y a Robin (en la imagen). Ted la mira. Al principio, ella le sonríe, pero con el paso de los segundos se va transformando en una sonrisa falsa hasta ser de impotencia y a aguantar las lágrimas. Ésto es lo que le lleva a pensarlo bien y no bajar. Por muchas mujeres que han pasado, él sigue sintiendo algo más por Robin.
Simplemente, he de decir de Mother of Peal (Roxy Music), que es una de las mejores canciones para esta serie. Le da esa categoría de comedia con un sinfín de arrebatos románticos. Un comienzo cañero para dar paso a la mejor parte, con el piano y el bajo como protagonistas principales. Los quince primeros segundos de la parte melancólica son inefables, no hay palabras para poder expresar lo que se siente al escucharlo. Lo oyes y todos esos recuerdos de esos minutos anteriores a despedirte de esa persona te vienen a la cabeza. La misma vieja historia, aquello que fue gloria en su momento y que ahora se ha convertido en pantomima. Como una divina intervención que ha fastidiado mi intención y el momento. Como una melodía simple que fue debilidad...
Esbozas, al igual que hizo Ted, una leve sonrisa, y tiras adelante. Back on the chain gang (The Pretenders), Beautiful Beat (Nada Surf), Voices (Cheap Trick), Baker Street (Gerry Rafferty) y This modern love (Block Party) se encargan de hacerte el tramo más llevadero.
Decide así no asistir a la cita, jodiendo al Destino y fastidiando lo que tenía programado. Obviamente, no se supo qué reacción pudo tener aquella chica, ni seguro que se sabe, pero estaría bien, como anécdota, saber qué fue de ella, y si aparecerá en la sexta temporada. Seguro que no, pero por pensarlo...
Cuando sube al apartamento, se encuentra a Marshall, que le está contando a Lily la broma que le está pegando junto a Barney a Butterfield. Lily y Ted se miran. Saben qué ha pasado esa noche. Ted le pregunta si compró leche, respondiendo que sí. A lo que Marshall se queda algo extrañado, y cambia de tercio preguntando a Ted por su cita. Le contesta que no, que no fue a la cita. Que por muy perfecta que fuera aquella chica, él sólo quiere a Robin. Aunque aquello no funcione, es un error que se debe cometer. A base de errores se llega a la solución correcta.
Con los errores, ocurre una cosa. A veces, aunque sepas que algo es un error, tienes que hacerlo de todos modos. Incluso los errores más rematadamente tontos.

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